Tensión arterial y somatización de enfermedades

Somatizaciones

El concepto de somatización, se pude definir como el proceso que la persona sufre cuando, convierte un conflicto psicológico en un malestar físico. Hasta hace poco tiempo, la medicina solo consideraba como enfermedades de origen psicológico, algunas úlceras de estómago, la hipertensión, cefaleas y algún que otro síntoma, pero no muchos más.

Dejando fuera del ámbito de la mente, cualquier otra enfermedad; en realidad, la medicina se ocupa más en combatir el síntoma, que en buscar el origen, y si lo hace, cree más en la genética que en el ambiente ecológico que rodea a la persona. Siendo cierto que convivimos con agentes contaminantes que pueden dañarnos la salud. Contaminación, estrés, mala alimentación, tabaco, drogas. . . También existen realidades paralelas, que se ocultan detrás de convencionalismos arraigados en la sociedad, que parece no interesar a nadie sacar a la luz.

Es como si la medicina convencional, menospreciara y prefiriera pasar de largo a la hora de evaluar y diagnosticar, las circunstancias que confluyen en el entorno del enfermo y que pudieran tener un papel importante en el desarrollo de su enfermedad Sin embargo, la neurociencia, habla abiertamente de la estrecha relación que existe entre la mente y el cuerpo, y mantiene la teoría que el síntoma, es la expresión física de un conflicto emocional, del que el paciente en ocasiones ni siquiera es consciente.

Sabemos que somos influenciados por el entorno en el que vivimos, pero la manera de interpretar lo que nos sucede dentro del ámbito que nos rodea, depende de varios factores, como pueden ser: La educación que hayamos recibido, la religión que profesemos, además de otros condicionantes culturales y medioambientales, en los que fuimos educados y en los que se forjó nuestra personalidad.

Dependiendo de cómo interpretemos los mensajes que recibamos del entorno, así nos van a influenciar en la mente y en el cuerpo, pues ambas partes configuran el TODO que representa el ser humano y ambas partes se corresponden. Nuestro sistema inmune, se ve influenciado de manera positiva o negativa, dependiendo de cómo nos afecte ese entorno.

El estado de ánimo no es el mismo en una boda que en un funeral, y seguramente la composición química de nuestro cuerpo tampoco lo sea. Aunque no se debe aplicar estas teorías de manera generalizada y por supuesto, tampoco en el mismo grado ni en la misma medida, pues el modo de procesar la información que le llega del exterior, es diferente en cada persona, hay que tener en cuenta que lo que para una persona le supone un impacto emocional fuerte, para otra no lo es tanto, igual que la capacidad de reacción ante la desgracia tampoco es la misma.

Unas personas se recuperan mejor y en menos tiempo que otras, a éste proceso se le llama resiliencia.

 — Un delicado equilibrio —

La salud es un estado natural que se sustenta en un equilibrio complejo y delicado, la rama de la medicina denominada psiconeuroinmunología, estudia la interrelación que existe entre el estado emocional y la salud física. La mente y el cuerpo constituyen una unidad indivisible, y lo que afecta a una parte, inevitablemente repercute en la otra.

También se reconoce a nivel científico, que un bajo estado de ánimo se corresponde con un sistema inmunedepresivo, en el mismo nivel de resistencia. Por lo tanto cuando el estado ánimo es bajo y deprimido, indefectiblemente deja a la persona vulnerable ante las enfermedades. A mí me gusta decir, que para que un virus entre en nuestro organismo, las defensas han tenido que abrirle la puerta.

Todos convivimos habitualmente en ambientes donde compartimos espacios con otras personas, por motivos de trabajo, viajes, reuniones, en ocasiones en dependencias cerradas, quizá en épocas de epidemia de gripe, en los que unas personas se contagian y en cambio otras no. Este es un claro ejemplo de que nuestro organismo tiene la capacidad de protegerse ante las agresiones externas, si se encuentra dentro de ese equilibrio interno, que le hace fuerte.


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