Neurorehabilitación y tensión arterial

—Un problema de largo alcance—

Tras sufrir un daño neurológico sea dela causa que sea ( traumatismo, infarto, tumoral…) la actividad neuronal sufre problemas que pueden ser mayores o menores en función de la localización y la extensión de las lesiones. En estas personas el papel de la neurorehabilitación es fundamental para intentar llevar a la persona lo más cerca posible de la situación en la que se encontraban antes de sufrir el problema.

Sin embargo este no será un problema que se podrá resolver en pocas sesiones. La neurorehabilitación es un proceso que se basa en la plasticidad neuronal y en el que es necesaria la participación de distintos profesionales: médicos, enfermeros, fisioterapeutas, terapeutas ocupacionales… y en el que se deben utilizar diversas técnicas como el biofeedback y la estimulación cerebral no invasiva. Evidentemente un proceso en el que se precisan tantos terapeutas y tantas técnicas diferentes y que se basa en la plasticidad neuronal ( fenómeno que se creía inexistente en adultos hasta no hace tanto tiempo) precisa de calma y paciencia y de un trabajo bien hecho.A lo largo del proceso habremos de superar varios problemas que deberemos ir abordando  de acuerdo con su importancia y su capacidad de influencia en el resultado final.

Sin duda unos de los problemas graves a los que nos enfrentamos en la rehabilitación es el da la incapacidad por parte del paciente para controlar por sus propios medios sus constantes vitales ( frecuencia cardíaca, frecuencia respiratoria, tensión arterial…). Esto suele ocurrir cuando el daño ha alcanzado a las estructuras responsables del control vegetativo como el tronco cerebral o bien a centros integradores como el hipotálamo y muchas veces imposibilita, o al menos retrasa, la realización de una neurorehabilitación correcta.

—Controlar el proceso—

Evidentememte es difícil empezar  a hacer ejercicio físico con una persona cuya tensión arterial puede oscilar entre los 90 y los 150 mm Hg de forma casi aleatoria y sin relación con la intensidad del ejercicio, ya que corremos el riesgo de alcanzar valores peligrosos para la integridad del sistema circulatorio o bien lo contrario, sufrir una hipotensión que nos produzca un síncope con el consiguiente mal trago.

Por ello es fundamental controlar la tensión arterial durante cualquier ejercicio físico que realicemos con pacientes en proceso de neurorehabilitación,  y en este control de la tensión arterial nuestros principales aliados son los tensiómetros digitales que de forma rápida y sencilla nos informarán siempre que lo necesitemos de los valores de tensión arterial. Para encontrar un tensiómetro adecuado a las características de cada paciente pueden consultarse páginas como tensiometroysalud.com

Evidentemente tendremos que controlar también la saturación de oxígeno en sangre ( mediante un pulsioxímetro que además nos informará en todo momento de la frecuencia cardíaca) y otras variables que tal vez no se nos curran en un primer momento como puede ser la sudoración. En pacientes con daños a nivel hipotalámico pueden producirse graves alteraciones en el control de la sudoración que vayan desde una sudoración profusa sin relación con subidas de temperatura reales hasta lo contrario: bajadas de temperatura ( hasta los 35º) que solo advertimos tras medirlos con el termómetro. Aunque este puede arecer un problema menor, puede ser fuente de nuevos problemas así como de una ineficacia de nuestro proceso de neurorehabilitación por el daño neurológico inducido por la hipertermia ( y en menor medida por la hipotermia)

El proceso de neurorehabilitación debe ser siempre individualizado ya que no hay dos lesiones iguales y es importante analizar la etiología del daño ( la causa, lo que ha producido el daño) así como la extensión y la reversibilidad o no del proceso ( en infartos hemorrágicos o en lesiones tumorales puede observarse cierta mejoría con el paso del tiempo una vez que desaparece la causa primaria. Normalmente es un proceso que debe comenzar durante la hospitalización para conseguir un doble objetivo: por un lado una atención precoz  ( que mejora el pronóstico) y además una rehabilitación más monitorizada ( es decir, controlando todos los valores de las funciones vitales que comentábamos previamente y que es más fácil controlar en un centro hospitalario.

Tras la rehabilitación en hospital debe seguir un proceso de rehabilitación ambulatoria que deberá empezar tan pronto como nos permita la situación del paciente. La rehabilitación ambulatoria permite que la persona esté en un ambiente más cómodo para ella sin descuidar su mejoría neurológica. Pero eso sí, ambulatorio no significa peor ni de menor intensidad. Debe seguir siendo intensivo y multidisciplinar, ya que no hay un solo perfil profesional que sea capaz de suministrar todos los cuidados necesarios.

 

Enfermedades psicosomáticas

—Un barco que navega a la deriva—

Cuando una persona vive mucho tiempo sin tomar decisiones sobre cualquier faceta relevante que le concierna a sí misma, se ha convertido en alguien dócil y adaptable a las circunstancias, abandonando el derecho que tiene a defender sus opiniones. Esta renuncia de sí mismas, que por diversos motivos, hacen algunas personas, les va a pasar factura si en algún momento de su vida se ven obligadas a efectuar un cambio.

Entonces se sentirán desbordados por las circunstancias y quizá se puedan desestabilizar emocionalmente, llegando a perder la perspectiva del rumbo de su vida y de su futuro. Si caes en la inercia de una vida sin iniciativa, estarás bloqueando la energía, y poco a poco irás plegándote tanto sobre ti mismo, que puedes acabar convirtiéndote en una especie de agujero negro, que te fagocitará sin remisión. Pero aún en los momentos más críticos de la vida de cualquier persona, sigue latente dentro de ella el instinto de supervivencia, como bien dice el refranero popular

La esperanza, es lo último que muere. Concretamente alguna de esas semillas de esperanza, debía de albergar yo dentro, pues a pesar de haber sido etiquetada tantas veces por psicólogos y psiquiatras con diagnósticos lapidarios, aún conservaba esperanzas de encontrar un médico que fuera capaz de “curarme” esa extraña enfermedad, que no se dejaba ver por ninguna de las sofisticadas máquinas de los hospitales, pero que convertía mi vida en un continuo sufrimiento.

—Buscando alternativas—

Supuestamente, aquel libro que estaba sobre la mesilla de mi dormitorio, representaba el revulsivo que necesitaba para enlazar mi atonía con los primeros pasos hacía el cambio, al menos eso pensaba mi amiga.

Antes de comenzar a leerlo, eché una ojeada a las páginas centrales, es una mala costumbre que tengo desde niña y de la que me cuesta desprenderme. Por lo que pude percibir, el grueso de su contenido se basaba en ejercicios de visualizaciones y técnicas de relajación, para los que yo no me sentía en aquel momento con fuerzas ni motivación de llevar a cabo. Por entonces, cualquier tarea por sencilla que fuera, era probable que desbordara mi capacidad de reacción.

Y dejándome llevar por mi desgana, cerré el libro a la espera de encontrar un momento en el que me sintiera más motivada, como el estudiante que pospone los deberes escolares para el último momento. Pasados unos días, en unos de esos momentos en que tenía la mente algo más despejada de la confusión que me producían los fármacos que los médicos me recetaban, pensé en lo preocupada que se había ido mi amiga al ver el estado en que me había quedado, y giré la vista hacia el libro que continuaba en la mesilla de noche. Me sentí mal por no valorar como merecía la atención que tenía hacia mí, y también pensé en tomar precauciones por si me llamaba para pedirme una opinión sobre su contenido, así que con desgana y lentitud alargué el brazo hasta la mesilla y lo tomé para echarle una segunda ojeada, esta vez algo más extensa.

En esta ocasión comencé por el principio, me había comprometido conmigo misma a leerlo de manera ordenada y prestarle la mayor atención posible. Sin embargo, he de confesar que mi buena intención no llegó más allá de las diez primeras páginas, y no fue por desdén ni pereza, por lo que renuncié a dedicar más tiempo a su lectura, ese esfuerzo lo hubiera superado, a pesar de que mi estado de ánimo no fuera el idóneo para la lectura; lo que me echó para atrás, fueron la cantidad de obviedades que había en sus páginas. Frases hechas, redundantes hasta el tedio, eran sobrado motivo para que lo cerrara, casi con indignación.

Hay cosas inútiles, vacuas de contenido, pero no existe nada que por muy anodino que sea no tenga la capacidad de transmitir algún mensaje o sentimiento. Aquel libro, contenía en su esencia todos esos calificativos y claro que transmitía algo. . . A mí en concreto, me indignaba cada página que leía, me sentía como si su autora, me estuviera llamando tonta en mí misma cara. Aquel libro de “autoayuda” era el primero que había llegado a mis manos y a pesar de la enorme popularidad que ésta temática estaba teniendo entre las personas comprometidas con un proceso de cambio, para conseguir un “bienestar pleno,” yo comenzaba a darme cuenta que a mi concretamente, iba a servirme de muy poco.

Si yo pude, tú también puedes. Con ésta frase lapidaria comenzaba aquel tratado milagroso que servía para todo. Los razonamientos que hacía la autora, eran tan lineales y simples que solo le faltaba decirles a quienes buscaban remedio a su mal, que si estaban sufriendo era porque no había leído su libro, al que sin pudor alguno, catalogaba como una especie de vademécum para la felicidad.

Cada vez que pensaba en los miles de ejemplares que se estaban vendiendo y en el dinero que pagaban los lectores por un libro que contenía un mensaje falso. . . Una especie impotencia e indignación me invadía por completo, al ver de qué manera tan descarada engañaban a la gente. Afortunadamente no fue mi caso, pues fue suficiente aquella primera frase para darme cuente que estaba ante un auténtico fraude.

Enfermedades mentales y tensión arterial

—Nada es absoluto —

Dentro de la medicina científica, hay un médico que pone mucho empeño en subrayar el concepto de subjetividad, en los tratamientos que se emplean, cómo en el modo de abordarlos. Es el renombrado Dr. Deepak Chopra, gran eminencia en el campo de la neurociencia, autor de más de treinta libros, enfocados hacia una medicina personalizada y holística, partidario de emplear terapias alternativas, sin prescindir de los avances tecnológicos de la medicina científica.

Muchas veces he pensado, cuánto sufrimiento me habría evitado, si en mi época de paciente “incurable” hubiera tenido la oportunidad de conocer sus teorías. Entre las muchas que proclama, está la desmitificación de la figura del médico, despojándole de ese poder omnipotente que le coloca por encima del paciente, débil e indefenso, dificultando una comunicación entre ambos, más personal y fluida. En el proceso del tratamiento de una enfermedad, El Dr. Deepak Chopra, otorga el protagonismo al enfermo y le sitúa en un plano superior al de cualquier otra entidad, ya que en definitiva, es

— La sutileza de la mente—

En una conferencia que el Dr Deepah Choprak imparte ante un foro de médicos en un hospital. Hablaba sobre efecto placebo y del opuesto, el efecto nocebo, en los siguientes téminos. En un viaje que hizo a Australia, Deepak Choprak, tuvo la ocasión de conocer un rito que aún perdura y que se lleva a cabo en los poblados de aborígenes de ese país. Cuando una persona de estas tribus enferma, va a visitar al gurú o curandero, lo que en esa cultura representa el médico.

El chamán, va vestido con una túnica de leopardo, y porta adornos y pinturas en el cuerpo y el rostro, que le dan un porte de fuerza y mucha energía. Mientras ejecuta una danza en torno al enfermo y le practica imposiciones de manos y otros ritos, entona mantras invocadores a los espíritus, que aportan un carácter de solemnidad al acto; al finalizar, le da un hueso de canguro y le ordena que salga fuera y señale con el hueso a quien él crea culpable de sus males.

Parece ser, que la persona que ha sido señalada a los pocos días comienza a sentirse mal, con episodios importantes de vómitos y diarreas y lentamente, comienza a deshidratarse. Como ha sido señalado como culpable, tampoco cuenta con la estima ni ayuda de los miembros de la tribu, que le abandonan a su suerte y poco a poco va debilitándose, hasta que muere.

Por lo visto las autoridades han comenzado a pensar en tomar alguna medida respecto a éstas prácticas, considerándolas como asesinatos indirectos. Es en éste punto es donde el Dr Deepak Choprak se ha detenido, para llevarnos a pensar en la fuerza que tiene sobre nuestra mente y por consiguiente, sobre la salud de nuestro cuerpo, una idea preconcebida. Un rito convertido en costumbre y aceptado por los aborígenes como justicia social, les lleva a enfermar y en su caso a aceptar como castigo, unos síntomas preconcebidos por su cultura.

El Dr Deepak, nos sitúa ante la fuerza de los símbolos y compara el hueso de canguro, la túnica de leopardo y los ritos del chaman, con el status social del médico, la bata blanca, el entorno de un hospital o consulta médica, y el prestigio que le otorga la ciencia. Indudablemente, son muy diferentes los ámbitos en los que están situados, médico y enfermo. El enfermo se siente desorientado, fuera de su entorno habitual, con la energía debilitada por la enfermedad, convertido en un paciente dócil y dispuesto a aceptar el diagnóstico del médico y convertirlo en una opinión irrevocable.

Tensión arterial y somatización de enfermedades

Somatizaciones

El concepto de somatización, se pude definir como el proceso que la persona sufre cuando, convierte un conflicto psicológico en un malestar físico. Hasta hace poco tiempo, la medicina solo consideraba como enfermedades de origen psicológico, algunas úlceras de estómago, la hipertensión, cefaleas y algún que otro síntoma, pero no muchos más.

Dejando fuera del ámbito de la mente, cualquier otra enfermedad; en realidad, la medicina se ocupa más en combatir el síntoma, que en buscar el origen, y si lo hace, cree más en la genética que en el ambiente ecológico que rodea a la persona. Siendo cierto que convivimos con agentes contaminantes que pueden dañarnos la salud. Contaminación, estrés, mala alimentación, tabaco, drogas. . . También existen realidades paralelas, que se ocultan detrás de convencionalismos arraigados en la sociedad, que parece no interesar a nadie sacar a la luz.

Es como si la medicina convencional, menospreciara y prefiriera pasar de largo a la hora de evaluar y diagnosticar, las circunstancias que confluyen en el entorno del enfermo y que pudieran tener un papel importante en el desarrollo de su enfermedad Sin embargo, la neurociencia, habla abiertamente de la estrecha relación que existe entre la mente y el cuerpo, y mantiene la teoría que el síntoma, es la expresión física de un conflicto emocional, del que el paciente en ocasiones ni siquiera es consciente.

Sabemos que somos influenciados por el entorno en el que vivimos, pero la manera de interpretar lo que nos sucede dentro del ámbito que nos rodea, depende de varios factores, como pueden ser: La educación que hayamos recibido, la religión que profesemos, además de otros condicionantes culturales y medioambientales, en los que fuimos educados y en los que se forjó nuestra personalidad.

Dependiendo de cómo interpretemos los mensajes que recibamos del entorno, así nos van a influenciar en la mente y en el cuerpo, pues ambas partes configuran el TODO que representa el ser humano y ambas partes se corresponden. Nuestro sistema inmune, se ve influenciado de manera positiva o negativa, dependiendo de cómo nos afecte ese entorno.

El estado de ánimo no es el mismo en una boda que en un funeral, y seguramente la composición química de nuestro cuerpo tampoco lo sea. Aunque no se debe aplicar estas teorías de manera generalizada y por supuesto, tampoco en el mismo grado ni en la misma medida, pues el modo de procesar la información que le llega del exterior, es diferente en cada persona, hay que tener en cuenta que lo que para una persona le supone un impacto emocional fuerte, para otra no lo es tanto, igual que la capacidad de reacción ante la desgracia tampoco es la misma.

Unas personas se recuperan mejor y en menos tiempo que otras, a éste proceso se le llama resiliencia.

 — Un delicado equilibrio —

La salud es un estado natural que se sustenta en un equilibrio complejo y delicado, la rama de la medicina denominada psiconeuroinmunología, estudia la interrelación que existe entre el estado emocional y la salud física. La mente y el cuerpo constituyen una unidad indivisible, y lo que afecta a una parte, inevitablemente repercute en la otra.

También se reconoce a nivel científico, que un bajo estado de ánimo se corresponde con un sistema inmunedepresivo, en el mismo nivel de resistencia. Por lo tanto cuando el estado ánimo es bajo y deprimido, indefectiblemente deja a la persona vulnerable ante las enfermedades. A mí me gusta decir, que para que un virus entre en nuestro organismo, las defensas han tenido que abrirle la puerta.

Todos convivimos habitualmente en ambientes donde compartimos espacios con otras personas, por motivos de trabajo, viajes, reuniones, en ocasiones en dependencias cerradas, quizá en épocas de epidemia de gripe, en los que unas personas se contagian y en cambio otras no. Este es un claro ejemplo de que nuestro organismo tiene la capacidad de protegerse ante las agresiones externas, si se encuentra dentro de ese equilibrio interno, que le hace fuerte.